Bob Marley murió por un cáncer que comenzó en un lugar donde casi nadie piensa buscarlo: debajo de la uña de un dedo del pie.
En 1977, Marley notó una zona oscura en el dedo gordo del pie derecho. Jugaba fútbol con frecuencia y la lesión fue asociada inicialmente con un golpe sufrido mientras practicaba el deporte.
Cuando finalmente fue examinada, el diagnóstico fue muy distinto.
Era un melanoma lentiginoso acral, una forma poco común de melanoma que puede aparecer en las plantas de los pies, las palmas de las manos y debajo de las uñas.
Su ubicación resulta especialmente engañosa.
A diferencia de muchos melanomas cutáneos, el melanoma acral no está relacionado principalmente con la exposición a la radiación ultravioleta. Puede aparecer precisamente en zonas que casi nunca reciben sol.
También constituye una proporción mucho mayor de los melanomas diagnosticados en personas de piel oscura, aunque el melanoma en conjunto sea menos frecuente en esas poblaciones.
Los médicos recomendaron amputar el dedo afectado.
Marley rechazó esa opción. En su lugar, aceptó una intervención más conservadora: se retiraron tejido y parte de la zona alrededor del lecho ungueal y se realizó un injerto de piel.
Después continuó con su vida.
Grabó discos, viajó y siguió actuando ante miles de personas.
Pero el cáncer permaneció.
En 1980, después de sentirse mal durante una gira por Estados Unidos, los médicos descubrieron que el melanoma se había extendido. Había alcanzado otras partes de su cuerpo, incluidos el cerebro, los pulmones y el hígado.
Marley todavía ofreció su último concierto el 23 de septiembre de 1980 en Pittsburgh.
Luego buscó tratamiento en Alemania durante varios meses.
Cuando comprendió que su estado era irreversible, intentó regresar a Jamaica. Su salud empeoró durante el viaje y tuvo que detenerse en Miami.
Murió allí el 11 de mayo de 1981.
Tenía 36 años.
Su historia suele resumirse diciendo que un golpe jugando fútbol provocó el cáncer. Eso no puede afirmarse. Lo que sí ocurrió fue que una lesión visible en el pie quedó inicialmente confundida con algo cotidiano mientras debajo de la uña crecía un melanoma.
Ese detalle sigue siendo lo más inquietante del caso.
Uno de los músicos más reconocibles del siglo XX murió por una enfermedad que comenzó en un lugar fácil de ignorar, debajo de una uña.