Una anguila tuvo un final inesperado al intentar tragar un pez globo. Al sentirse atrapado, el pez se infló como un globo dentro de la boca de su agresor, obstruyendo la garganta y cortándole la respiración. Para colmo, estos peces no solo se defienden con su tamaño; muchos contienen tetródotoxina, una toxina que afecta los nervios y puede paralizar o incluso matar a quien trate de ingerirlos. La naturaleza a veces actúa de manera cruel: el depredador puede convertirse en víctima en un instante.