María Audenete tiene 30 años.
Nació en Ceará, una de las regiones más pobres de Brasil, con un hipotiroidismo congénito severo. No fue diagnosticada ni tratada a tiempo porque su familia no tenía recursos.
Como consecuencia, su desarrollo físico y cognitivo quedó detenido desde la infancia. No habla, no camina y depende de cuidados básicos como una bebé, aunque han pasado tres décadas.
Lo más desgarrador es que los médicos coinciden en algo: con un tratamiento temprano, hoy sería una adulta completamente funcional. No fue una enfermedad rara lo que le robó la vida… fue la pobreza.
Hoy, una universidad en Ceará intenta ayudarla a ganar algo de autonomía. No es un milagro médico lo que falta, sino justicia social.
María no es una niña. Es una mujer a la que el abandono le robó el futuro.