En el corazón de Reikiavik, Islandia, se encuentra un lugar singular: el Museo del Órgano Reproductor, fundado por Sigurdur Hjartarson. Durante más de 40 años, Hjartarson ha dedicado su vida a recolectar órganos reproductores de casi 300 especies animales, desde el diminuto de un hámster, que mide solo 2 milímetros, hasta el impresionante de una ballena, que alcanza casi 2 metros de longitud.
El museo no solo es una curiosidad, sino también un espacio educativo que busca desmitificar y normalizar las conversaciones sobre la anatomía y diversidad sexual en el reino animal. Cada ejemplar en la colección está acompañado de información sobre su especie y hábitat, lo que proporciona un contexto interesante y enriquecedor para los visitantes.
Aunque algunos pueden encontrar el tema tabú, el Museo del Órgano Reproductor se ha convertido en una atracción popular para turistas y locales por igual, ofreciendo una mirada única y a menudo divertida a la variabilidad de la naturaleza.