Desde El Fuerte Sinaloa, febrero 8, 2026

En la construcción del puente Golden Gate en 1933, la muerte era parte del cálculo.-

En la construcción del puente Golden Gate en 1933, la muerte era parte del cálculo.

En aquella época se aceptaba una regla brutal: por cada millón de dólares invertido en un gran puente, un trabajador perdería la vida. El Golden Gate tenía un presupuesto de 35 millones de dólares. Eso significaba treinta y cinco hombres que, según la lógica del progreso, no volverían a casa.
Joseph Strauss, ingeniero jefe del proyecto, se negó a aceptar esa ecuación.
Impuso el uso obligatorio de cascos de seguridad, algo casi inédito en las obras de la época. Prohibió el alcohol en el sitio de construcción y expulsó a cualquiera que presumiera o asumiera riesgos innecesarios. Incluso proporcionó jugo de chucrut para combatir las resacas. Para muchos, estas medidas ya eran excesivas.
Pero Strauss fue más lejos.
En 1936, convencido por su ingeniero asistente Clifford Paine, ordenó instalar algo nunca visto: una enorme red de seguridad bajo todo el tramo del puente. Costó 130.000 dólares, una fortuna en plena Gran Depresión. La red se extendía más allá de la calzada y de los bordes del suelo. Los críticos la llamaron absurda. Strauss insistió.
La red salvó a diecinueve hombres.
Quienes caían y sobrevivían formaron un grupo informal con un nombre tan oscuro como irónico: el Club de la Mitad del Camino al Infierno. Decían que no habían llegado del todo.
Uno de ellos fue Al Zampa. En una mañana cubierta de niebla en octubre de 1936, cayó desde unos veinte metros, dio varias volteretas en el aire y fue atrapado por la red. Se fracturó cuatro vértebras. Los periódicos dudaron que sobreviviera. Doce semanas después, volvió al puente y caminó sobre una viga estrecha solo para demostrar que seguía vivo.
El 14 de diciembre de 1936, seis miembros del club posaron juntos en una fotografía histórica sobre la estructura de acero. Zampa no pudo estar presente: aún se recuperaba de su espalda rota.
La red no solo salvó vidas. Cambió la obra. Los trabajadores avanzaban con mayor confianza, sabiendo que había algo debajo. Paradójicamente, el trabajo se volvió más rápido y eficiente.
El proyecto estuvo a punto de terminar sin tragedias mayores. Pero el 17 de febrero de 1937, un andamio pesado colapsó, rompió la red y arrastró a doce hombres a la bahía. Diez murieron.
En total, once trabajadores perdieron la vida construyendo el Golden Gate.
No treinta y cinco.
Joseph Strauss demostró algo que hoy parece obvio, pero entonces no lo era: la seguridad no es un lujo, es una decisión. El progreso no tiene por qué cobrarse vidas.
El puente se inauguró el 27 de mayo de 1937. Ese primer día, casi doscientas mil personas lo cruzaron. Al Zampa vivió hasta los noventa y cinco años.
El Club de la Mitad del Camino al Infierno no tiene monumento oficial, pero sigue siendo un recordatorio silencioso de que, a veces, basta con negarse a aceptar lo inevitable para cambiar la historia.