Historias interesantes
Hubo una época en Francia en la que algunos carteros repartían las cartas caminando a más de un metro del suelo.
Sin bicicleta.
Sin caballo.
Sobre dos largos zancos de madera.
Y podían recorrer grandes distancias sin bajarse de ellos.
La fotografía muestra una de aquellas entregas en la región de las Landas, al suroeste de Francia, donde esta peculiar forma de desplazamiento fue utilizada durante generaciones.
La explicación estaba en el terreno.
Antes de que extensas zonas fueran drenadas y transformadas mediante plantaciones forestales, las Landas estaban cubiertas de brezales, pastizales húmedos y áreas pantanosas. Los caminos eran escasos y atravesar aquellos espacios podía resultar lento y agotador.
Los habitantes encontraron una solución que hoy parece propia de un espectáculo circense.
Aprendieron a caminar sobre zancos.
Los pastores fueron sus usuarios más característicos. Desde aquella altura podían vigilar los rebaños, avanzar entre la vegetación y mantener los pies alejados de la humedad del suelo.
Los zancos, conocidos en francés como échasses, solían elevar los pies entre 90 centímetros y 1,20 metros.
Se sujetaban a las piernas mediante correas, dejando las manos disponibles para trabajar.
Con suficiente práctica, los pastores podían caminar rápidamente e incluso correr.
Pero aquella habilidad terminó siendo útil para otra profesión.
Los carteros.
En una región donde las viviendas podían estar separadas por largas extensiones de terreno difícil, algunos repartidores adoptaron los mismos zancos para realizar sus recorridos.
La práctica está documentada en publicaciones del siglo XIX.
En 1877, una revista internacional dedicada al servicio postal describió cómo los carteros de las Landas y del sur de Gironda atravesaban grandes distancias sobre zancos.
Incluso mencionaba una ventaja inesperada: podían entregar correspondencia a las ventanas de los primeros pisos sin necesidad de subir escaleras.
Naturalmente, repartir una carta a alguien situado en el suelo requería cierta habilidad.
Eso es precisamente lo que muestra la fotografía.
Un cartero mantiene el equilibrio sobre dos largos apoyos de madera mientras extiende una carta hacia un hombre que debe levantar el brazo para recibirla.
La escena parece preparada para provocar una sonrisa, pero representa una adaptación real a las condiciones de la región.
Con el paso del tiempo, el paisaje comenzó a cambiar.
Durante la segunda mitad del siglo XIX, las grandes plantaciones de pinos, el drenaje de terrenos y la construcción de caminos redujeron la necesidad de utilizar zancos para trabajar.
Su uso cotidiano fue desapareciendo progresivamente, aunque la tradición sobrevivió en fiestas, danzas y competiciones populares.
Hoy todavía existen grupos de zancudos que mantienen viva aquella habilidad en el suroeste francés.
La fotografía conserva una escena de un tiempo en que entregar una carta podía exigir algo más que conocer el camino.
En ciertos lugares de Francia, el cartero tenía que aprender a caminar sobre dos piernas de madera para llegar hasta sus destinatarios.