Desde El Fuerte Sinaloa, octubre 10, 2026

Ernesto «Che» Guevara: su muerte

El hombre que aparece en el centro de esta fotografía estaba viviendo sus últimas horas. A su lado se encontraba un agente de la CIA que había viajado hasta Bolivia para participar en la operación contra su guerrilla.
Era el 9 de octubre de 1967.
El prisionero era Ernesto «Che» Guevara, el revolucionario argentino que había participado en la Revolución cubana y después intentó impulsar una insurrección guerrillera en Bolivia.
Un día antes, el 8 de octubre, soldados del Ejército boliviano lo habían capturado herido tras un enfrentamiento en la quebrada del Yuro, cerca de La Higuera.
Su campaña militar había fracasado.
La guerrilla estaba debilitada, aislada y perseguida por unidades bolivianas que contaban con entrenamiento y apoyo estadounidense.
Guevara fue trasladado a una pequeña escuela de La Higuera, donde permaneció bajo custodia.
A la mañana siguiente llegó Félix Rodríguez, un agente de origen cubano que trabajaba para la CIA.
Rodríguez había participado en el seguimiento de la guerrilla y llegó para interrogar al prisionero y obtener información sobre sus operaciones.
Fue durante aquellas horas cuando se tomó esta fotografía.
Guevara aparece con el cabello desordenado, la ropa deteriorada y el rostro marcado por meses de campaña en las montañas bolivianas.
A su lado está Rodríguez, mientras varios militares observan la escena.
La imagen se atribuye al piloto boliviano Jaime Niño de Guzmán.
Pero mientras se realizaban interrogatorios y fotografías, las autoridades bolivianas ya estaban tomando una decisión sobre el destino del prisionero.
El gobierno boliviano ordenó su ejecución.
El 9 de octubre, Guevara fue fusilado por un militar boliviano en La Higuera.
Tenía 39 años.
Después, las autoridades difundieron inicialmente una versión que atribuía su muerte a las heridas recibidas durante el combate.
Sin embargo, documentos estadounidenses posteriormente desclasificados confirmaron que había sido capturado vivo y ejecutado al día siguiente.
La fotografía conserva precisamente ese intervalo entre ambos acontecimientos.
El Che ya había perdido su última campaña militar, pero todavía estaba vivo cuando alguien levantó la cámara.
Horas después sería ejecutado, y aquella imagen quedaría entre los últimos testimonios fotográficos de su vida.