“Estoy enterado de los negocios de su marido y no lo voy a permitir”: Presidente de Colombia confronta a Gobernadora y la acusa de corrupta en su cara
En su gira por el archipiélago, el presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, protagonizó un tenso cara a cara con la gobernadora de San Andrés, Girley Natacha Ordóñez Bowie, y con la representante a la Cámara, Elizabeth Jay-Pang Díaz.
Frente a cámaras, sin rodeos y señalando con el dedo, les dijo lo que ningún presidente se había atrevido a decirles de frente:
“Estoy enterado de los negocios de su marido, estoy enterado de Coralina, estoy enterado de todo lo que se está haciendo y no lo voy a permitir. Los recursos que voy a mandar son recursos que nadie va a tocar”.
La acusación es directa: contratación amañada, desvío de recursos y años robándose el Hospital Departamental*, que su gobierno acaba de intervenir por orden de la Superintendencia de Salud.
“Toda la isla sabe que su marido está detrás de la contratación. Llevan años robándose el hospital y ustedes mandaron a su gente a atravesarse”, les soltó.
“No confundan la cortesía institucional con la complicidad. A este archipiélago no se lo van a volver a robar en mi administración. Aquí no ha faltado plata, aquí lo que ha faltado es honestidad”.
El momento fue incómodo. Las dos funcionarias, del Partido Liberal, intentaron defenderse y retaron al presidente a presentar pruebas formales ante la Fiscalía. Pero De la Espriella ya había dado la orden: su secretaria de Transparencia, Cristina Lombana, pidió intervención de Fiscalía, Procuraduría y Contraloría para investigar a fondo la contratación y a Coralina.
La escena provocó un terremoto político en Colombia. Unos lo celebran como un acto de soberanía contra los clanes regionales, otros lo critican como show populista.
¿Se imaginan esto en México?
¿Se imaginan a un presidente mexicano llegando a un estado, mirando a la gobernadora a los ojos y diciéndole “sé de los negocios de tu familia, sé cómo se reparten las obras, y conmigo se acabó”?
En México, donde gobernadores tienen a sus esposos, hermanos y cuñados como contratistas estrella, donde los hospitales del IMSS-Bienestar se caen a pedazos y donde la corrupción se denuncia con “abrazos, no balazos”, esa escena parece de ciencia ficción.
Aquí se pacta, se negocia, se protege. Allá, al menos por un día, se dijo en su cara.