Culiacán, Sinaloa.- La escena se repite todos los días en la farmacia del IMSS: “No hay”. No hay losartán, no hay insulina, no hay para la quimio. La misma persona cruza la calle, entra a la farmacia privada que está frente a la clínica y ahí sí hay, pero a 300, 500, mil pesos.
No es mala suerte. Es una ruta rota.
1. La compra: el IMSS no compra directo en Sinaloa.
Desde 2023 el IMSS ya no compra solo. Compra a través de Birmex y de compras consolidadas federales. Se licita a nivel nacional, se asigna a un distribuidor que debe llevar la medicina a todo el país. Si el proveedor incumple en Chiapas, también te pega en Culiacán porque el contrato es el mismo.
En 2024 y 2025, el propio IMSS reconoció un abasto de entre 92 y 94%. Ese 6% que falta son justo las medicinas más caras y más demandadas: para diabetes, hipertensión y cáncer.
2. La bodega: el medicamento sí llega a Sinaloa, pero no a tu clínica
El medicamento llega a una bodega estatal en Culiacán. De ahí debe repartirse a clínicas y hospitales. Aquí es donde se atora:
– No hay sistema en tiempo real de inventario.
– Hay clínicas que reportan que tienen de más y no lo regresan.
– Hay claves que se caducan en bodega porque nadie las pidió a tiempo.
Mientras, en el mostrador te dicen que “no hay en sistema”.
3. La farmacia de enfrente: el mismo laboratorio, diferente cliente
Revisa la caja. Muchas veces la medicina que no hay en el IMSS y la que sí hay en la farmacia de enfrente la hizo el mismo laboratorio. La diferencia es que el laboratorio le vende al gobierno a precio de licitación, con pago a 90 o 120 días y con riesgo de que le regresen la caja. A la farmacia privada le vende al contado y más caro.
¿Qué prefiere surtir primero cuando hay desabasto de materia prima? Al privado.
Y no, no es que la farmacia de enfrente le compre al IMSS. Eso sería un delito federal. Lo que pasa es que el sistema público es el último en la fila del negocio.
4. La receta que nunca se surte: el costo real lo pagas tú.
Cuando no hay medicamento, el IMSS te da un vale o te dice “regrese en 5 días”. El paciente con dolor no regresa. Va y compra.
De acuerdo con el Coneval, en Sinaloa una familia gasta en promedio 1,200 pesos al mes cuando el sistema público no surte su tratamiento. Para un paciente con insuficiencia renal o cáncer, son 8 mil a 15 mil pesos.
El desabasto no es solo falta de una caja. Es empobrecimiento.