Desde El Fuerte Sinaloa, julio 12, 2026

Muhammad Ali como San Sebastián, el mártir cristiano tradicionalmente retratado atravesado por flechas

Esa imagen corresponde a una de las portadas más famosas de la revista Esquire, fue en el mes de abril de 1967 cuando salio al público.

Muhammad Ali como San Sebastián, el mártir cristiano tradicionalmente retratado atravesado por flechas.

Se trataba de representar a Muhammad Ali como un mártir por negarse a ser reclutado para la Guerra de Vietnam debido a sus convicciones religiosas.

Esta portada es considerada una de las imágenes editoriales más influyentes del siglo XX y suele aparecer en recopilaciones de las mejores portadas de revistas de la historia.

La historia
El campeón mundial de peso pesado estába en la cima del planeta, tenía dinero, fama, poder.
Pero… llega la carta del Gobierno de EE.UU. Tienes que ir a la guerra de Vietnam.
Ali dice: NO.
“¿Quieres enviarme a la cárcel? Bien, adelante”.
“Hemos estado en la cárcel durante 400 años”.
“Puedo estar allí 4 o 5 años más”.
Esas fueron sus palabras.
No en un solo discurso, sino en una ráfaga de entrevistas callejeras y conferencias.
El sistema se le echó encima, le quitaron el título mundial de boxeo, le revocaron la licencia para pelear, lo sentenciaron a 5 años de prisión.
Le quitaron todo… menos su dignidad.
“Mi enemigo no es el Viet Cong”.
“El verdadero enemigo de mi pueblo está aquí”.
Ali no huyó a Canadá, no quemó su bandera.
Se plantó firme frente a los tribunales.
“No voy a deshonrar a mi religión, a mi pueblo o a mí mismo”.
Pasó 3 años y medio en el exilio deportivo.
En los mejores años de su plenitud física.
Sin poder subir a un ring, sin poder ganar dinero.
¿Fue a la cárcel?
Esa parte de la leyenda no ocurrió así.
Sus abogados apelaron de inmediato, en 1971, la Corte Suprema de EE.UU. le dio la razón por unanimidad.
No pisó una celda.
Pero sacrificó su gloria por su conciencia.
Ali no odiaba a su país, exigía justicia dentro de él.
“Ni siquiera me defenderás aquí en Estados Unidos, ni mis derechos, ni mis creencias religiosas… ¿y quieres que vaya a luchar por ti?”.
Una lección de valentía que el tiempo no ha podido borrar.