BREVE Y PRECISO
DOMINGO FÉLIX TORRES
“Rocha cayó primero, Marina cayó después”
“Primero cayó Romero, Mancera cayó después”, dice el corrido de Valentín Mancera. Parafraseando aquella estrofa, hoy podría decirse: primero cayó Rocha, Marina cayó después.
Los acontecimientos recientes en Sinaloa y Baja California parecen anunciar algo más que dos crisis locales. Son señales de desgaste que empiezan a reflejar un problema de mayor dimensión para Morena. Cuando un movimiento concentra tanto poder y deja de escuchar a la sociedad, tarde o temprano aparecen las consecuencias.
Lo más llamativo es que este desgaste no proviene, principalmente, de la oposición. Morena ha sido víctima de sus propios excesos. La soberbia, el abuso del poder, la disputa interna y el uso patrimonial de las instituciones terminaron por debilitar al partido desde dentro.
Quizá hace apenas unos años pocos habrían imaginado un deterioro tan acelerado. Sin embargo, el ejercicio del poder terminó consumiendo al propio movimiento. La confianza ciudadana no es un cheque en blanco y, cuando se confunde el respaldo popular con impunidad política, el costo suele llegar más temprano que tarde.
Morena difícilmente puede responsabilizar a otros de lo que hoy enfrenta. Como diría el inolvidable Perro Bermúdez: la tuvo, fue de ellos… y la dejaron ir.
Tal vez muchos todavía no escuchen el estruendo de la caída. Pero cuando el eco termine de recorrer el país, será evidente que el desgaste ya había comenzado mucho antes de que todos quisieran reconocerlo.
¡Saludos, jóvenes!