Desde El Fuerte Sinaloa, septiembre 17, 2026

Un MIG-23 sin piloto

MIG-23
El 4 de julio de 1989, un piloto soviético se eyectó de su MiG-23 sobre Polonia porque creyó que el motor estaba fallando. El avión, ya sin nadie dentro, recuperó potencia, siguió volando hacia el oeste, cruzó varias fronteras de la OTAN y fue interceptado por dos F-15 estadounidenses que descubrieron una cabina abierta y vacía.
El coronel Nikolai Skuridin realizaba un vuelo de entrenamiento desde la base de Bagicz, en Polonia, entonces parte del bloque soviético. Poco después del despegue sufrió una pérdida de potencia y descenso que interpretó como un fallo grave. A baja altura tomó una decisión perfectamente comprensible: accionó el asiento eyectable.
Skuridin aterrizó en paracaídas.
El MiG no.
Tras la eyección, el motor recuperó suficiente empuje y el piloto automático mantuvo la aeronave aproximadamente en su rumbo. El caza siguió avanzando hacia el oeste completamente solo.
Atravesó Alemania Oriental.
Después entró en Alemania Occidental.
La OTAN detectó una aeronave militar soviética entrando en su espacio aéreo y envió dos F-15 estadounidenses desde Soesterberg, en los Países Bajos, para interceptarla. Cuando los pilotos se aproximaron observaron algo que convertía el incidente en una situación sin precedentes: el MiG seguía volando, pero su cabina estaba abierta y no había nadie dentro.
Derribarlo tampoco era una decisión sencilla. Los restos podían caer sobre zonas pobladas. Por eso los F-15 lo escoltaron mientras controlaban su trayectoria y esperaban comprobar hacia dónde se dirigía.
El MiG cruzó también los Países Bajos y Bélgica.
Finalmente agotó el combustible.
Comenzó a descender y terminó estrellándose contra una vivienda cerca de Kortrijk, en Bélgica. El accidente mató a un joven que se encontraba en tierra. Esa víctima impide convertir la historia únicamente en una anécdota cómica sobre un avión fantasma.
El episodio generó además un problema diplomático. Las autoridades occidentales se preguntaban por qué la Unión Soviética no había podido advertir antes con claridad que un caza suyo estaba atravesando Europa sin piloto.
Mathias Rust había demostrado dos años antes que una pequeña Cessna podía colarse hasta Moscú con un hombre dentro. En 1989 ocurrió la versión inversa y todavía más inquietante: un caza soviético atravesó buena parte de Europa occidental y los pilotos que acudieron a identificarlo descubrieron que no había absolutamente nadie a quien ordenar que aterrizara.
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